El apretón que permitió a la Ertzaintza descubrir una lanzadera de granadas en la inauguración de Chillida-Leku

Posted on 1 septiembre, 2010

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En el décimo aniversario de la inauguración de Chillida-Leku, GIPUZKOA CONFIDENTIAL revela cómo el azar permitió descubrir la presencia de ocho lanzagranadas colocadas por ETA a 500 metros del museo el mismo día de la inauguración y cuando ya había invitados en el lugar.

Este mes de  septiembre se cumple el décimo aniversario de la inauguración de Chillida-Leku, el espacio anhelado por el escultor y su mujer y uno de los lugares más idílicos de nuestra geografía. Sin embargo, la inauguración de este museo estuvo a punto de quedar empañada por un atentado de ETA que pudo haber sido trágico de haber conseguido su objetivo. En el acto se dieron cita los reyes de España, el canciller alemán, Gerhard Schröder, el entonces presidente del gobierno, José María Aznar, así como el lehendakari, Juan José Ibarretxe, y numerosas personalidades de la política y las artes.

GIPUZKOA CONFIDENTIAL ha conocido los detalles de este atentado y cómo de chiripa la Ertzaintza encontró el mismo día de la inauguración y con muchos invitados ya presentes los ocho lanzagranadas que apuntaban a la finca de los Chillida.

Los responsables del dispositivo de seguridad desplegaron a la unidad de Berezi Berroci Taldea o Grupo Operacional de Intervención de la Ertzaintza, días antes en las colinas desde las que se domina la finca de Zabalaga. Los swat vascos llevaban sin relevo muchas horas, aguantando la lluvia y pasando noches en vela para controlar el perímetro. El mismo día de la inauguración, el 16 de septiembre, un agente de BBT desplegado en una de las colinas situadas a 500 metros de la finca se dirige corriendo a su mando y le dice:

– Joder, me estoy cagando.

– Pues vete a esos arbustos que están un poco alejados y descarga allí.

Al poco rato el agente regresa hacia su mando agarrándose los pantalones y gritando.

– Jodeeeer. He descubierto lanzagranadas escondidos entre los arbustos.

– No puede ser. Es imposible que alguien haya violado el perímetro.

(1) La conversación es una recreación. Los hechos son exactos.

El mando del Grupo Operacional de Intervención de la Ertzaintza acude rápidamente al lugar y, efectivamente, comprueba que hay ocho tubos con sus correspondientes granadas apuntando al museo donde ya se encontraban un buen número de invitados a la inauguración.

Inmediatamente da aviso a la central. Un helicóptero sobrevuela el lugar sobre las 11,30 y dos agentes de la Unidad de Desactivación de Explosivos de la Ertzaintza se descuelgan para tratar de desactivar las granadas. Comprueban que se trata de ocho granadas anticarro “Mecar”, del 43, unidas por cables a un temporizados para ser lanzadas al mediodía.

Afortunadamente, el mecanismo de ignición estaba deteriorado y las granadas no pudieron activarse. La cumbre hispano-alemana hizo que tanto Aznar como el canciller alemán, Schröder, llegaran más tarde, sobre las 2 de la tarde, cuando las granadas habían sido ya retiradas. Sin embargo, el resto de invitados pudo ver el helicóptero y a los desactivadores descendiendo y fueron informados del descubrimiento de las lanzaderas.

¿Qué ocurrió para que aparecieran unas granadas en una zona controlada por efectivos de élite de la Ertzaintza? El tema intrigó a los responsables de la policía vasca y las miradas apuntaron a Berroci Berezi Taldea. El misterio se descubrió un año después cuando la Ertzaintza detuvo al comando Buruntza. Los responsables de BBT respiraron aliviados y su prestigio fue restaurado cuando los etarras confesaron que habían depositado las granadas en la zona, al menos, seis días antes de la inauguración. Precisamente, el que el temporizador llevara tantos días a la intemperie hizo que el sistema no funcionara. El despliegue de los swats vascos se había ordenado tres días antes de la ianuguración. Por tanto, nadie violó el perímetro que establecieron los ertzainas de élite.  Y los responsables del operativo tuvieron que explicar por qué no encargaron previamente a la entrada del grupo de intervención un barrido de la zona con perros adiestrados, lo que hubiera permitido descubrir a tiempo las granadas y evitar el soponcio y el bochorno que se llevó el consejero de Interior.

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